¿Acaso el Talento basta?


I La perspectiva errónea

II Talento y competencias

III Clasificación de las competencias

IV La precedencia

V Hablan los siglos

Epilogo

I. LA PERSPECTIVA ERRONEA


Muchas organizaciones seleccionan a su personal clave concentrando la atención y el interés en los conocimientos y las habilidades, esto es, en sus calificaciones superficiales y manifiestas. Más de una vez, por ejemplo, he escuchado decir a ciertos gerentes, con arrogancia: «nosotros solo incorporamos gente con posgrado obtenido en las mejores universidades».


Tal posición errónea implica dar por sentado que los reclutas ya poseen las calificaciones motrices del comportamiento –como son, por ejemplo, el afán de logro, la orientación a la calidad o la orientación al cliente–, precisamente las que en última instancia constituyen el propulsor primario del desempeño laboral.


El otro supuesto implícito en esta equívoca perspectiva es que tales competencias medulares –que poseen una base genética y demandan un largo proceso de maduración– pueden simplemente añadirse en el corto plazo a las características personales mediante un buen manejo de las relaciones e incentivos.


Se trata, pues, de un enfoque equivocado. El proceder correcto –en el caso de cualquiera de los mecanismos de gestión humana– es precisamente el opuesto: debe enrolarse, evaluarse, retenerse, desarrollarse , ascenderse y remunerarse al personal dando prelación a las calificaciones motoras, las más arduas de adquirir y de desarrollarse.


La atención y celo requeridos cuando se diseña, mantiene o maneja cada sistema de gestión humana, exige contar con una gran lucidez para no meter en el mismo saco las calificaciones motoras y las que, siendo igualmente importantes, resultan menos difíciles de conformar, desarrollar y visualizar. De ahí la importancia de los conceptos, referencias y ejemplos sobre la tipificación de las competencias, tema del que nos ocupamos en esta publicación.



II. TALENTO Y COMPETENCIAS


Corresponde hacer aquí una precisión terminológica. Se trata de la distinción entre el «talento» y las «competencias». Aunque en el idioma español ambos vocablos suelen utilizarse como sinónimos, en términos puristas sí existen diferencias que importa señalar:

  • El talento constituye una potencialidad, una facultad, una propensión para hacer algo. Es, en breve, la cualidad de ser capaz.

  • La competencia es la traducción de determinado talento a actos ligados a la acción; esto es, la capacidad llevada a realidades concretas.

Las dos expresiones están íntimamente relacionadas: se requiere talento para ser

competente; el talento solo se demuestra siendo competente.*



La siguiente ecuación expresa de modo simple los conceptos que acabamos de exponer:


Competencia = Talento + Experiencia


Ahora bien, refiriéndonos específicamente a las competencias, estas son características arraigadas, enraizadas de una persona. Se conforman a lo largo de un extenso proceso vivencial y constituyen parte profunda y persiste de su idiosincrasia, razón por la que definen su singularidad y explican su dominio para desempeñarse apropiadamente, en forma virtualmente espontánea, en cometidos concretos. *


El conocimiento de cuáles son las competencias de un individuo posibilita pronosticar cómo actuará y qué resultados logrará en determinadas situaciones o trabajos concretos.


III. DE LAS COMPETENCIAS


Las competencias se clasifican, en función de su arraigo y visibilidad en cinco tipos, de los cuales nos ocupamos en las láminas que siguen.

  • Motivación

  • Rasgos de carácter

  • Autoconcepto

  • Conocimientos

  • Habilidades

La Motivación

Es lo que se desea intensamente, constituye objeto del pensamiento persistente impulsa a determinar actuación. La motivación elige, dirige y conduce el comportamiento hacia ciertas acciones u objetivos.

Algunas competencias de motivación se registran en el cuadro.

  • Afán del logro

  • Compromiso organizacional

  • Orientación al cliente

  • Orientación a la calidad

  • Desarrollo de otros

Los Rasgos de Carácter

La reiteración sostenida de determinados comportamientos para responder a situaciones o información configuran los rasgos de carácter de una persona.

Ejemplos de competencias de este tipo se observan en la imagen.

  • Autocontrol

  • Ascendiente o influencia

  • Liderazgo

  • Firmeza

  • Flexibilidad

  • Iniciativa

El Autoconcepto

Se refiere a la imagen y valoración que tiene una persona sí misma. Incluye apreciaciones que son relevantes para el individuo: sus habilidades sociales y sus capacidades laborales o intelectuales.

El cuadro muestra competencias sustentadas en el autoconcepto.